Archivos Mensuales: mayo 2013

ALBERTO RIZZO: “El teatro le aporta a la universidad todo lo que la universidad ahora no tiene”

Por MÓNICA GARCÍA y ANNA RUBIO

Nos recibe en su despacho de la Escuela de Arquitectura de la UPC. Cuando ve que empezamos a montar las cámaras, se pone un poco nervioso y bromea con nosotras diciendo que no está guapo. Nos ayuda a mover todo el material de la última obra para que no se interponga en el campo de visión de la cámara o pueda hacernos tropezar, se pone una camisa roja, se sienta cómodamente en el sofá de su despacho, y responde a todas nuestras preguntas. Alberto Rizzo es el creador y director del grupo de teatro universitario y amateur La Coquera, en activo desde el 2008.

¿Cómo surgió la idea de formar el grupo?

Yo siempre había querido hacer teatro universitario y en 2008 tuve la oportunidad de formar parte de un grupo en Madrid. Estuve haciendo un intercambio allí y al volver aquí, a Barcelona, decidí crear un grupo con una serie de amigos porque no quería renunciar a vivir ese tipo de experiencia. Así que buscamos gente y empezamos dos personas, luego acabamos siendo cinco para hacer un montaje de Albert Camus llamado El malentendido, y ese fue el inicio. A partir de ahí, cada año ha ido sumándose más gente: de cinco pasamos a siete, luego a doce y ya el tercer año éramos casi veinte. Ahora somos veintitrés o veinticuatro personas. También personas de apoyo de años anteriores que no pueden resistirse a venir a echar una mano.

Alberto Rizzo y Mónica García durante la entrevista / ANNA RUBIO

¿Qué crees que aporta el teatro a las universidades, al mundo universitario?

El teatro le aporta a la universidad todo lo que la universidad ahora no tiene. Por ejemplo, creatividad. Le falta un concepto muy sencillo, que es el de desaprender. La universidad, todavía, es muy dogmática y aporta una serie de conocimientos como si fueran verdades universales que a veces el estudiante debería de saber discernir. Otra cosa [que aporta] es reciclarse continuamente. Hacemos un montaje diferente cada año, por lo tanto, el actor tiene que renunciar a todo lo que tenía para volver a construir de nuevo. Esto te permite mejorar la inteligencia emocional o la manera de expresarte. Esto, al igual que otras actividades de la vida universitaria, completa la formación del estudiante. Los estudiantes que realizan desde canto coral hasta cualquier actividad que se haga aquí, atesoran mucho más que cualquier otro estudiante. Por lo pronto son más tolerantes. El hecho de que compartas cosas con más gente que viene de muchos otros sitios, te hace salir de tu pequeño mundo para respetar más lo que los demás opinan o lo que los demás piensan. También fomenta el debate. Es interminable la lista de cosas que puede aportar el teatro a la universidad.

¿El hecho de que los grupos universitarios, al estar formados por, mayoritariamente, jóvenes, es un punto a favor de transmitir ideas concretas?

Yo creo que hoy en día joven se debería considerar cualquier persona con un espíritu joven. La universidad tiene, cada vez más, personas de cuarenta, cincuenta o sesenta años que vuelven a las aulas porque se ha demostrado que el ser humano no para de aprender, no se detiene. La ventaja es que, por ejemplo, los jóvenes no quieren cobrar, y esa es una gran ventaja. Pero, aparte de esto, hay gente mayor con un entusiasmo casi desbordante. Entonces no se puede discriminar favorablemente solo por edad. Sí que es verdad que hay un elemento muy interesante en que sean jóvenes y es que tienen una mente muy abierta. Esa mente muy abierta permite que quien empieza este camino no tiene nada que ver cómo llegó a cómo sale al cabo de tres o cuatro años.

Todos somos actores en la vida real y todos deberíamos de poder encontrar nuestro rol”

Volviendo a vuestro grupo en concreto, ¿por qué La Coquera como nombre?

En sí las coqueras son las oquedades que presenta el hormigón mal vibrado. Son como huecos que hay en piedras, normalmente naturales, pero desde que se comenzó a hacer el hormigón armado, cuando no se mezcla bien acaba presentando agujeros muy grandes en la estructura que la pueden dañar y hacerla caer. Esos agujeros se llaman coqueras. Entonces siempre se han visto como algo muy negativo y queríamos verlo como algo positivo, es decir, pretendíamos ser esos pequeños agujeritos que aligeraban y oxigenaban la rígida columna estructural del sistema universitario.

¿Qué nos puedes decir de vuestra primera obra?

Fue El malentendido. Barajamos diferentes obras pero una cosa muy importante en el teatro universitario es: cuando empieces, asegúrate de que vas a continuar. Si haces una obra demasiado ambiciosa, te vas a quedar a la mitad. Si es demasiado difícil, vas a acabar quemándote y no vas a llegar más que a estrenar y vas a abandonar la actividad. Se trataba de encontrar algo que nos llamara mucho, algo que fuera muy potente para nosotros, algo que dijéramos: esto es algo maravilloso, os lo tenemos que contar.

¿Cualquier persona puede formar parte del grupo o hacéis algún tipo de casting?

Alguna vez hemos hecho alguna prueba porque venía mucha gente para un mismo papel. Pero al principio de curso nunca hemos dicho a nadie que no. Es que, ¿por qué ibas a negarle la posibilidad de participar en algo? A veces ha venido tanta gente que hemos hecho, en vez de una obra, dos obras o tres. Nunca se ha discriminado a nadie porque fuera torpe o no tuviera aptitud ninguna. Todos somos actores en la vida real y todos deberíamos de poder encontrar nuestro rol.

¿Tu papel en las obras es de director o también actúas?

A veces también actúo. Yo no disfruto tanto actuando como dirigiendo. Pero en el teatro universitario es muy típico que haya más mujeres que hombres. Y, por desgracia, la mayoría de obras anteriores al siglo XX están caracterizadas por tener un 70-80% de presencia masculina. Eso hace que algunas veces toque actuar. Aunque sea puntualmente para echar una mano.

Uno de los momentos de la charla con Alberto Rizzo / ANNA RUBIO

Uno de los momentos de la charla con Alberto Rizzo / ANNA RUBIO

¿Contáis con colaboradores?

Aparte de toda la gente que ha pasado por el grupo tenemos gente que, no siendo de la universidad, nos ha apoyado. También tenemos apoyo dentro de la universidad. Nosotros tenemos aquí una administradora que es maravillosa y cualquier cosa que le pidas no te va a decir que sí pero al menos te recibe y está receptiva. Por otro lado, tenemos la fortuna de poder contar con un profesional del teatro que se llama Stefano Razzolini, que es un técnico de luces, que muchas veces viene gratuitamente, sólo porque, según me dijo, “vosotros hacéis cosas y yo estoy con quién hace cosas”. También nos han respaldado muchos profesores aunque sólo sea de palabra, pero eso también es muy importante para cualquier tipo de actividad.

Antes la gente se prostituía por dos duros porque tenían hambre y ahora porque quieren un iPhone”

¿Las obras que soléis interpretar son más bien críticas?

Sí, pero no tienen porqué ser críticas. Normalmente las obras de teatro suelen ser muy incómodas porque luchan contra el convencionalismo. Maribel y la extraña familia, por ejemplo, es una de las obras más realizadas en teatro universitario y en principio tiene un guion típico de chico y chica que al final se casan. La crítica está en que la chica era prostituta, y a la familia, que es burguesa, no le importa. Nosotros buscamos obras que nos llamen la atención dependiendo del contexto. Hace años, hicimos Bodas de Sangre de Lorca o la maravillosa obra Tres sombreros de copa. Ahora estamos haciendo Luces de bohemia porque el contexto de hoy en día la pide a gritos. Esta obra incluye nepotismo, corrupción, impunidad, periodistas sobornados, jóvenes snobs, cargas policiales, detenciones arbitrarias, gente incompetente en sitios clave…

La obra de Valle Inclán parece una crónica de la actualidad.

Sí, pero la historia tiene cien años. ¿Tan poco hemos evolucionado? La única diferencia es que antes la gente se prostituía por dos duros porque tenían hambre y ahora se prostituye porque quieren un iPhone. Toda la historia tiene su vigencia, incluso con un mensaje totalmente anacrónico de un Madrid trasnochado de principios del siglo XX. La obra reivindica lo que tiene que reivindicar y muestra lo que tiene que mostrar. El objetivo de esta obra es vehiculizar la rabia que lleva a la gente a quemarse a lo bonzo o a tirar piedras. Nosotros somos un poco más civilizados y lo que hacemos es expresarlo de una manera más estética.

De las obras que habéis representado hasta ahora, ¿cual es la más especial para vosotros?

Para mí la primera supuso un gran salto porque era de no existir a existir. Pero hay cosas que no está previsto que salgan tan bien y a veces te sorprenden. Hace un año y medio, participamos en unas jornadas de teatro aficionado en Barcelona de la Federació de Teatre Amateur. Nosotros queríamos participar con algo de teatro, porque hay grupos que hacen otro tipo de cosas. Conseguimos una horita, a las doce de la noche, después de las obras principales. Ese año era el 75 aniversario de la muerte de Lorca y quisimos hacer algo de él. Tenía que ser algo sencillo de quince minutos e hicimos algo que para nosotros fue innovador. Fue una cosa parecida a lo que es el teatro de los sentidos. Consistió en meter a más actores que público en un espacio a oscuras. Los actores entraban a oscuras con velas y cada lazarillo que hacía de guía llevaba dos o tres personas de público que le tenían que sostener. Entonces entraban dentro del espacio donde había una serie de personajes lorquianos como el niño muerto con gato de Así que pasen cinco años o dos estudiantes de la obra El público. En el momento en el cual terminaban el recorrido entraban los milicianos, cogían a los lazarillos y los fusilaban. El sentimiento de orfandad que siente el público cuando le arrancan de las manos la persona con la que ha pasado quince minutos es brutal. Eso hacía que la gente llorase, hubo quien tuvo ataques de ansiedad. Fue la mejor obra que hicimos ese año.

Existen universidades que han cerrado sus aulas de teatro aunque el gasto era cero”

¿Alguna vez habéis hecho alguna obra original escrita por vosotros?

Hemos hecho una que escribí yo en 2009 que se llama Almisdaé. Con esta obra vamos dentro de un mes a un festival a Portugal, a Lisboa y estamos encantados. Ahora tenemos prevista otra que es Carrusel, que va sobre un circo quemado. En sí es una obra meta-teatral, que es hablar del teatro dentro del teatro. Es un género muy expresivo y muy potente. Creo que la mayoría de obras conocidas tienen algún elemento meta-teatral, como La vida es sueño no Hamlet. Carrusel habla del circo, de la vida y de la necesidad que tiene la gente de ofrecerse a otra gente y de ser felices por ilusionar a los demás.

Este año habéis participado en el MUTIS, ¿como ha sido la experiencia?

En sí, este festival lo organizamos nosotros. Para poder llevar a cabo una serie de cosas y conseguir unas financiaciones y así hacer nuestra actividad montamos un festival. Esta ha sido la cuarta edición, con lo cual ya está bastante consolidado. Hemos conseguido que la gente nos recuerde de año en año y que sepan que durante dos o tres días hay unas doce obras de teatro maravillosas, gratuitas y en Barcelona. Se han representado obras como La casa de Bernarda Alba de García Lorca. El cartel de este año dudo mucho que lo tenga cualquier otro festival de teatro universitario. Estamos muy orgullosos de esos pequeños logros que conseguimos. También hemos logrado algo que no esperábamos que es hacer una publicación. Hemos hecho un libro sobre teatro universitario en el cual se plasma todo lo que pensamos y hemos absorbido de un montón de gente que ha venido y ha participado en el festival.

También habéis organizado unos premios…

Al principio decidimos que no entregaríamos premios en el festival, aunque sí que se daba un premio honorífico para premiar a quien encarnara mejor el espíritu del festival. Luego nos dimos cuenta de que en Madrid, Sevilla o Santiago de Compostela, algo que genera que haya más grupos de teatro universitario son los premios. Hemos conseguido el apoyo de la UIC, de la UB y de la UPC para poder hacer los Premios de Barcelona de Teatro Universitario. La finalidad de los premios es que salgan más grupos. El problema es que están desapareciendo grupos por el tema de las subvenciones. Existen universidades en las que se han cerrado, a veces por decisión política, aulas de teatro aunque su gasto sea cero.

¿Qué objetivos os marcáis en un futuro?

El objetivo es que haya un relevo generacional. No queremos que la nave se hunda con nosotros. Tenemos una infraestructura y un bagaje que ha costado cinco o seis años construir y eso tiene que pasar a otras manos, aunque no sea con el mismo nombre.

Si se pudiese describir con una frase el espíritu de La Coquera, ¿qué dirías?

Nos apasiona mucho el teatro y tenemos necesidad de hacer teatro.

Nos despedimos rápidamente de Alberto, pues tiene que ir a hacer aquello que tanto le gusta: dirigir el ensayo de la próxima obra de La Coquera.

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NÚRIA OLIVÉ: “Aunque la gente esté en crisis necesita hacer alguna actividad para desahogarse”

Por MAITE ALAMILLO y ESTER ARROYO

Núria en el Ateneu de Sant Andreu donde imparte clases de teatro / ESTER ARROYO

Núria en el Ateneu de Sant Andreu, donde imparte clases de teatro. / ESTER ARROYO

Núria Olivé lleva toda la vida dedicándose al teatro, como actriz profesional y profesora en el Ateneu de Sant Andreu. Hablamos con ella en la cafetería del propio Ateneu que se fundó en 1885 y que desde entonces es una importante entidad cultural con una amplio abanico de actividades.

¿Crees que la gente joven está interesada en el teatro? Sí.

¿Hay mucha gente interesada o que participe en los grupos de teatro de aquí del Ateneu?Actualmente somos 110.

¿Cómo informáis al barrio de vuestros proyectos, clases y representaciones? Sobre todo a través de la web, que ahora está muy activa. Además, cada vez que hay una obra se imprimen carteles que se colocan en los sitios comerciales más concurridos del barrio y se dan invitaciones a las tiendas más conocidas.

¿Qué tipos de obras representáis? No hacemos obras propias, sino obras de texto de todos los tiempos: desde obras de hace cuatro siglos a las actuales, escritas ahora.

¿Con cuáles disfrutan más los alumnos al prepararlas? Los alumnos tienden a querer hacer cosas modernas pero hay muy pocas, hay escasez de textos para gente joven, sobre todo de temática que pueda gustar a adolescentes. Casi siempre tenemos que hacer obras muy antiguas y ellos lo que quieren son cosas que hablen de sus problemas de ahora.

Tenemos entendido que a veces en algunas actuaciones incorporáis a los grupos de baile. ¿Qué puede aportar la danza al teatro? El baile y el teatro son artes totalmente complementarios. En el teatro se utilizan muchos recursos: música, baile… dependiendo de lo que la obra requiera. Por ejemplo, cuando haces un Lorca los escenarios que aparecen son típicamente andaluces y si quieres reproducir realmente el espacio descrito en la obra necesitas a alguien que sepa bailar flamenco. Si un actor que no sabe bailar flamenco debe asumir ese papel puede quedar muy pobre y ridículo, por lo tanto, como en el Ateneu contamos con un grupo de baile, lo aprovechamos.

¿Cuántas personas componen cada grupo de teatro? Hay entre diez y veinticinco personas en cada grupo. Nos dividimos por grupos según la edad, pero cuando tenemos que hacer una obra en la que aparecen muchas personas nos unimos para llevar adelante el proyecto. Por ejemplo, representamos El Retaule del Flautista, en la que salían a escena entre cincuenta y sesenta actores.

¿Desde qué edad se empieza a hacer teatro en el Ateneu? A partir de los seis años y hasta los veinte. A partir de los veinte años tenemos dos grupos de teatro amateur que hacen cuatro obras cada año, es un ritmo semiprofesional. Hay alumnos que empezaron de pequeños a hacer teatro y ahora ya están en el grupo de adultos actuando con gran profesionalidad. Además, tenemos una formación en la que hay gente de cincuenta, sesenta años e incluso ochenta. Ahora, el barrio sabe que a cualquier edad puedes hacer teatro.

Maite entrevistando a Núria. / Ester Arroyo

Maite entrevistando a Núria / ESTER ARROYO

Pero esta gente que lleva casi toda su vida haciendo teatro amateur, de alguna forma deja de ser amateur. Creo que la persona que lleva tanto tiempo ya es profesional. En el grupo que hace cuatro obras anuales hay alumnos que actúan tan bien que se podría decir que son casi profesionales. No hay un gran nivel en los decorados ni un escenario increíble, pero lo que cuenta es la actuación. Además, al ser un teatro pequeño la historia llega más al espectador; la gente viene con pocas expectativas a ver la obra y se encuentran con un buen teatro. Las abuelas dan mucha vida al barrio y comentan con emoción las obras que representamos. Los domingos que hacemos obras vienen todas las iaias y lo disfrutan mucho. La mayor parte del público es gente mayor y lo que quieren ver es teatro de Agatha Christie, unas Magnolias d’acer o  La casa de Bernarda Alba. Por eso hacemos representaciones de este tipo.

Si queremos cultura de calidad, o hay un poco más de inversión o el 21% del IVA mata la creatividad

¿Los alumnos que hacen teatro son de un perfil determinado o de todo tipo? ¿Hay más chicas o chicos? Por lo general hay más chicas que chicos. La gente se acerca al teatro con objetivos muy diferentes, normalmente la persona o es muy extrovertida o muy introvertida. Hay algunos que utilizan el teatro como terapia para perder la timidez y otros que son muy movidos, graciosos, que le gusta captar la atención y en el teatro están como pez en el agua. Esto crea un poco de desigualdad, en los grupos hay gente muy abierta que no tiene miedo a probar y hacer cosas nuevas y hay otras personas a las que les cuesta expresarse, estos suelen venir recomendados al Ateneu por los padres o amigos.

¿Qué representa el Ateneu para el barrio de Sant Andreu? Los inicios del Ateneu datan de 1885. El teatro estuvo muy activo antes de la Guerra Civil, fue cerrado durante el franquismo y no se reabrió hasta que llegó la democracia en los años ochenta. Ahora empieza a conocerse otra vez en el barrio y la gente sabe que aquí se hace mucho teatro. Hoy es un lugar de encuentro cultural, pero antiguamente fue una escuela muy importante porque aquí estudiaban niños y niñas cuando casi no había escuelas. Hace dos años fue el 125 aniversario del Ateneu y le otorgaron la medalla de oro de la ciudadanía de Barcelona por su importancia.

¿Se ha notado un declive en el número de alumnos desde que empezó la crisis? No, pero algunos alumnos te piden no pagar. Decirle hoy en día a alguien que no puede hacer teatro porque no puede pagarlo, con lo mal que están las cosas… Creo que no se ha notado tanto como en otros sectores. Yo me dedico a esto y continúo teniendo trabajo porque aunque la gente esté en crisis, tiene que hacer alguna actividad para desahogarse.

Núria explicando sus experiencias en el Ateneu. / Ester Arroyo

Núria nos explica sus experiencias en el Ateneu. / ESTER ARROYO

¿Recibís ayudas por parte de alguna entidad pública? Ninguna, es totalmente una entidad privada. No recibe subvenciones porque decidió desvincularse de la política ya que durante el franquismo el edificio estuvo cerrado. Cuando se volvió a reabrir como centro cultural no se quiso tener ningún vínculo con el poder. El centro lo paga la gente que viene a hacer sus actividades.

En épocas de crisis se recorta el presupuesto en cultura pero también se dice que la gente suele ser más creativa. ¿Crees que eso sucede también en el teatro? Sí, lo que pasa es que una cosa es el teatro amateur y el otro el profesional. En el profesional, en el que yo también trabajo, por muchas ganas que tengamos de hacer cosas, llega un momento en el que hay tantos recortes que es imposible llevar a cabo un buen teatro. Es decir, tú puedes crear, coger cualquier cosa y actuar en cualquier bar pero si lo que queremos es cultura de calidad, o hay un poco más de inversión o el 21% del IVA mata la creatividad.

Dejamos a Núria porque empiezan las clases en el Ateneu, una de sus alumnas es Sara con la que hablamos para conocer el punto de vista de la joven en relación al teatro amateur.

 

 

SARA PÉREZ: “El teatro me desconecta del día a día”

Sara Pérez tiene 19 años, estudia Derecho y dedica sus horas libres a hacer teatro en el Ateneu de Sant Andreu. A pesar de tener poco tiempo de ocio consigue compaginar su vida de estudiante universitaria con la gran pasión que siente por la interpretación desde que era pequeña. Como joven actriz amateur nos ha contado sus experiencias y opiniones del teatro aficionado.

¿Cuándo empezaste a hacer teatro? A los ocho o nueve años y ahora voy a cumplir veinte.

¿Por qué motivo te decantaste por el teatro? La verdad es que yo no escogí hacer teatro, fueron mis padres los que pensaron que sería una buena idea, ya que yo de pequeña era muy vergonzosa y me costaba relacionarme con la gente. A raíz de hacer teatro he conseguido abrirme y ser más extrovertida.

¿Qué te aporta? Me encanta hacer teatro, aunque al principio me costaba por mi timidez. Me hace desconectar de mí día a día en la universidad, me sirve para pasármelo bien con mis amigos y también para hacer cosas que por mí misma no haría.

El talento sin esfuerzo no es nada y, en cambio, a base de esfuerzo se puede ser un buen actor

¿Te gustaría dedicarte al teatro profesionalmente o es solo una afición? Para mí es sólo un hobby porque, aunque me apasiona, creo que el mundo de la interpretación es muy complicado acceder y además es muy inestable. Puede ser que un día estés arriba y otro muriéndote de hambre, así que yo prefiero hacer mi carrera y compaginar el teatro como una actividad más.

Tu profesora Núria nos ha comentado que hay gente que lleva tanto tiempo haciendo teatro que se podría decir que son casi profesionales. ¿Consideras que eres más que una amateur en el escenario? Es cierto que lo que hace que una persona sea buena en algo, aparte del talento, es la experiencia y la práctica. Hay gente que solo ha hecho teatro en el Ateneu y es realmente buena. Es verdad que yo llevo unos cuantos años y no soy novata, pero no me considero casi profesional porque aún soy muy joven y me queda mucho por aprender. Aunque cada vez tengo más conciencia de lo que hago, le pongo más compromiso y esfuerzo a mis trabajos, y eso se nota.

¿Crees que hoy en día es difícil dedicarse al teatro profesionalmente, ganarse la vida con ello? Sí, es un mundo complicado ya que actualmente cuesta que el público vaya si no es para una obra muy conocida o donde actúan famosos importantes. Además, con el incremento del IVA en la cultura, las entradas son más caras y eso hace que poca gente vaya a verlo y, por tanto, que el teatro vaya perdiendo espectadores en comparación con la televisión.

¿Crees que la gente joven en general está interesada en el teatro? Creo que el teatro ha ido perdiendo importancia y peso para a la gente joven y ha quedado relegado en gran parte a la gente mayor.

¿Cuál de las obras que has representado en el Ateneu te ha gustado más? ¿Por qué? Las obras que más me ha gustado interpretar han sido las dos últimas porque son de más peso, Los intereses creados, de Jacinto Benavente, y Los 10 negritos, de Agatha Christie. La primera fue todo un reto porque tenía un papel protagonista, con bastante texto, y estaba escrita en castellano antiguo, así que fue un cambio respecto a lo hecho anteriormente; y la otra, porque es una novela que me encantó cuando la leí y porque mi personaje era bastante diferente a mi forma de ser, lo cual me permitió hacer y decir cosas que en mi vida real nunca haría o diría.

Sara y un compañero representando "Los intereses creados". / Departament Tècnic de l'Ateneu

Sara y su compañero Marc Peiró representando “Los intereses creados”. / L’ATENEU

¿Te identificas con alguno de los personajes que has interpretado? En algunos aspectos te puedes llegar a identificar, como cuando era más pequeña e interpretaba obras en que hacía de una niña curiosa o cuando ahora hago un personaje que se preocupa por los demás. Pero, normalmente, cuando hago un personaje intento no ser yo al representarlo, sino meterme totalmente en su piel y actuar como él lo haría, no como lo haría yo. Además, mis últimos personajes han sido de mucho carácter, fuerza y valentía, cosas que me gustaría poder absorber de ellos.

En teatro ¿qué crees que es más importante, el talento o el esfuerzo? ¿Por qué? Creo que el talento es algo innato. Si lo tienes, perfecto pero sino no vas a dejar de hacer teatro por eso si es lo que te gusta. El esfuerzo para mí es mucho más importante ya que el talento sin esfuerzo no es nada y, en cambio, a base de esfuerzo se puede llegar a ser un buen actor.

Has pasado mucho tiempo en el Ateneu haciendo teatro y seguro que has vivido momentos inolvidables, ¿nos podrías contar alguna anécdota? Las anécdotas que no se olvidan son aquellas que vives encima del escenario como el día de representación en que está todo el público mirando. En esos días he vivido caídas, momentos en blanco en que nadie recuerda la siguiente frase, cuando a alguien le entra la risa y tú te la tienes que reprimir…

Estar en un grupo, suponemos que implica conectar bien con el resto de los actores y actrices… ¿Cómo lográis ese nivel de compañerismo? Es algo que nace solo, somos muchas personas con una afición en común y rápidamente surge esa conexión en querer pasarlo bien y que la obra salga genial. Además, después de pasar tantas horas juntos de ensayo, la mayoría terminamos siendo amigos y acaba siendo realmente divertido ir al teatro.

Tu profesora de teatro nos ha contado que hay alumnos que van al Ateneu a hacer teatro para aprender a expresarse mejor y perder su timidez. ¿Qué les dirías a aquellas personas vergonzosas para convencerles que hagan teatro? Les diría que sirve, que yo soy un ejemplo de ello. Empecé porque quería perder la timidez y ahora si continuo es porque me encanta. No se pierde nada por intentarlo y además puedes engancharte y convertirlo en un nuevo hobby e incluso tu profesión.

Gracias a Núria y Sara hemos podido acércanos a la realidad del teatro amateur, una actividad que se puede practicar sin ser profesional, por el puro placer de actuar. Aunque el teatro sufra factores como la crisis económica y la baja popularidad entre los más jóvenes es seguido por los actores aficionados y el público fiel a las historias en directo.

Enlaces de interés

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