ALBERTO RIZZO: “El teatro le aporta a la universidad todo lo que la universidad ahora no tiene”

Por MÓNICA GARCÍA y ANNA RUBIO

Nos recibe en su despacho de la Escuela de Arquitectura de la UPC. Cuando ve que empezamos a montar las cámaras, se pone un poco nervioso y bromea con nosotras diciendo que no está guapo. Nos ayuda a mover todo el material de la última obra para que no se interponga en el campo de visión de la cámara o pueda hacernos tropezar, se pone una camisa roja, se sienta cómodamente en el sofá de su despacho, y responde a todas nuestras preguntas. Alberto Rizzo es el creador y director del grupo de teatro universitario y amateur La Coquera, en activo desde el 2008.

¿Cómo surgió la idea de formar el grupo?

Yo siempre había querido hacer teatro universitario y en 2008 tuve la oportunidad de formar parte de un grupo en Madrid. Estuve haciendo un intercambio allí y al volver aquí, a Barcelona, decidí crear un grupo con una serie de amigos porque no quería renunciar a vivir ese tipo de experiencia. Así que buscamos gente y empezamos dos personas, luego acabamos siendo cinco para hacer un montaje de Albert Camus llamado El malentendido, y ese fue el inicio. A partir de ahí, cada año ha ido sumándose más gente: de cinco pasamos a siete, luego a doce y ya el tercer año éramos casi veinte. Ahora somos veintitrés o veinticuatro personas. También personas de apoyo de años anteriores que no pueden resistirse a venir a echar una mano.

Alberto Rizzo y Mónica García durante la entrevista / ANNA RUBIO

¿Qué crees que aporta el teatro a las universidades, al mundo universitario?

El teatro le aporta a la universidad todo lo que la universidad ahora no tiene. Por ejemplo, creatividad. Le falta un concepto muy sencillo, que es el de desaprender. La universidad, todavía, es muy dogmática y aporta una serie de conocimientos como si fueran verdades universales que a veces el estudiante debería de saber discernir. Otra cosa [que aporta] es reciclarse continuamente. Hacemos un montaje diferente cada año, por lo tanto, el actor tiene que renunciar a todo lo que tenía para volver a construir de nuevo. Esto te permite mejorar la inteligencia emocional o la manera de expresarte. Esto, al igual que otras actividades de la vida universitaria, completa la formación del estudiante. Los estudiantes que realizan desde canto coral hasta cualquier actividad que se haga aquí, atesoran mucho más que cualquier otro estudiante. Por lo pronto son más tolerantes. El hecho de que compartas cosas con más gente que viene de muchos otros sitios, te hace salir de tu pequeño mundo para respetar más lo que los demás opinan o lo que los demás piensan. También fomenta el debate. Es interminable la lista de cosas que puede aportar el teatro a la universidad.

¿El hecho de que los grupos universitarios, al estar formados por, mayoritariamente, jóvenes, es un punto a favor de transmitir ideas concretas?

Yo creo que hoy en día joven se debería considerar cualquier persona con un espíritu joven. La universidad tiene, cada vez más, personas de cuarenta, cincuenta o sesenta años que vuelven a las aulas porque se ha demostrado que el ser humano no para de aprender, no se detiene. La ventaja es que, por ejemplo, los jóvenes no quieren cobrar, y esa es una gran ventaja. Pero, aparte de esto, hay gente mayor con un entusiasmo casi desbordante. Entonces no se puede discriminar favorablemente solo por edad. Sí que es verdad que hay un elemento muy interesante en que sean jóvenes y es que tienen una mente muy abierta. Esa mente muy abierta permite que quien empieza este camino no tiene nada que ver cómo llegó a cómo sale al cabo de tres o cuatro años.

Todos somos actores en la vida real y todos deberíamos de poder encontrar nuestro rol”

Volviendo a vuestro grupo en concreto, ¿por qué La Coquera como nombre?

En sí las coqueras son las oquedades que presenta el hormigón mal vibrado. Son como huecos que hay en piedras, normalmente naturales, pero desde que se comenzó a hacer el hormigón armado, cuando no se mezcla bien acaba presentando agujeros muy grandes en la estructura que la pueden dañar y hacerla caer. Esos agujeros se llaman coqueras. Entonces siempre se han visto como algo muy negativo y queríamos verlo como algo positivo, es decir, pretendíamos ser esos pequeños agujeritos que aligeraban y oxigenaban la rígida columna estructural del sistema universitario.

¿Qué nos puedes decir de vuestra primera obra?

Fue El malentendido. Barajamos diferentes obras pero una cosa muy importante en el teatro universitario es: cuando empieces, asegúrate de que vas a continuar. Si haces una obra demasiado ambiciosa, te vas a quedar a la mitad. Si es demasiado difícil, vas a acabar quemándote y no vas a llegar más que a estrenar y vas a abandonar la actividad. Se trataba de encontrar algo que nos llamara mucho, algo que fuera muy potente para nosotros, algo que dijéramos: esto es algo maravilloso, os lo tenemos que contar.

¿Cualquier persona puede formar parte del grupo o hacéis algún tipo de casting?

Alguna vez hemos hecho alguna prueba porque venía mucha gente para un mismo papel. Pero al principio de curso nunca hemos dicho a nadie que no. Es que, ¿por qué ibas a negarle la posibilidad de participar en algo? A veces ha venido tanta gente que hemos hecho, en vez de una obra, dos obras o tres. Nunca se ha discriminado a nadie porque fuera torpe o no tuviera aptitud ninguna. Todos somos actores en la vida real y todos deberíamos de poder encontrar nuestro rol.

¿Tu papel en las obras es de director o también actúas?

A veces también actúo. Yo no disfruto tanto actuando como dirigiendo. Pero en el teatro universitario es muy típico que haya más mujeres que hombres. Y, por desgracia, la mayoría de obras anteriores al siglo XX están caracterizadas por tener un 70-80% de presencia masculina. Eso hace que algunas veces toque actuar. Aunque sea puntualmente para echar una mano.

Uno de los momentos de la charla con Alberto Rizzo / ANNA RUBIO

Uno de los momentos de la charla con Alberto Rizzo / ANNA RUBIO

¿Contáis con colaboradores?

Aparte de toda la gente que ha pasado por el grupo tenemos gente que, no siendo de la universidad, nos ha apoyado. También tenemos apoyo dentro de la universidad. Nosotros tenemos aquí una administradora que es maravillosa y cualquier cosa que le pidas no te va a decir que sí pero al menos te recibe y está receptiva. Por otro lado, tenemos la fortuna de poder contar con un profesional del teatro que se llama Stefano Razzolini, que es un técnico de luces, que muchas veces viene gratuitamente, sólo porque, según me dijo, “vosotros hacéis cosas y yo estoy con quién hace cosas”. También nos han respaldado muchos profesores aunque sólo sea de palabra, pero eso también es muy importante para cualquier tipo de actividad.

Antes la gente se prostituía por dos duros porque tenían hambre y ahora porque quieren un iPhone”

¿Las obras que soléis interpretar son más bien críticas?

Sí, pero no tienen porqué ser críticas. Normalmente las obras de teatro suelen ser muy incómodas porque luchan contra el convencionalismo. Maribel y la extraña familia, por ejemplo, es una de las obras más realizadas en teatro universitario y en principio tiene un guion típico de chico y chica que al final se casan. La crítica está en que la chica era prostituta, y a la familia, que es burguesa, no le importa. Nosotros buscamos obras que nos llamen la atención dependiendo del contexto. Hace años, hicimos Bodas de Sangre de Lorca o la maravillosa obra Tres sombreros de copa. Ahora estamos haciendo Luces de bohemia porque el contexto de hoy en día la pide a gritos. Esta obra incluye nepotismo, corrupción, impunidad, periodistas sobornados, jóvenes snobs, cargas policiales, detenciones arbitrarias, gente incompetente en sitios clave…

La obra de Valle Inclán parece una crónica de la actualidad.

Sí, pero la historia tiene cien años. ¿Tan poco hemos evolucionado? La única diferencia es que antes la gente se prostituía por dos duros porque tenían hambre y ahora se prostituye porque quieren un iPhone. Toda la historia tiene su vigencia, incluso con un mensaje totalmente anacrónico de un Madrid trasnochado de principios del siglo XX. La obra reivindica lo que tiene que reivindicar y muestra lo que tiene que mostrar. El objetivo de esta obra es vehiculizar la rabia que lleva a la gente a quemarse a lo bonzo o a tirar piedras. Nosotros somos un poco más civilizados y lo que hacemos es expresarlo de una manera más estética.

De las obras que habéis representado hasta ahora, ¿cual es la más especial para vosotros?

Para mí la primera supuso un gran salto porque era de no existir a existir. Pero hay cosas que no está previsto que salgan tan bien y a veces te sorprenden. Hace un año y medio, participamos en unas jornadas de teatro aficionado en Barcelona de la Federació de Teatre Amateur. Nosotros queríamos participar con algo de teatro, porque hay grupos que hacen otro tipo de cosas. Conseguimos una horita, a las doce de la noche, después de las obras principales. Ese año era el 75 aniversario de la muerte de Lorca y quisimos hacer algo de él. Tenía que ser algo sencillo de quince minutos e hicimos algo que para nosotros fue innovador. Fue una cosa parecida a lo que es el teatro de los sentidos. Consistió en meter a más actores que público en un espacio a oscuras. Los actores entraban a oscuras con velas y cada lazarillo que hacía de guía llevaba dos o tres personas de público que le tenían que sostener. Entonces entraban dentro del espacio donde había una serie de personajes lorquianos como el niño muerto con gato de Así que pasen cinco años o dos estudiantes de la obra El público. En el momento en el cual terminaban el recorrido entraban los milicianos, cogían a los lazarillos y los fusilaban. El sentimiento de orfandad que siente el público cuando le arrancan de las manos la persona con la que ha pasado quince minutos es brutal. Eso hacía que la gente llorase, hubo quien tuvo ataques de ansiedad. Fue la mejor obra que hicimos ese año.

Existen universidades que han cerrado sus aulas de teatro aunque el gasto era cero”

¿Alguna vez habéis hecho alguna obra original escrita por vosotros?

Hemos hecho una que escribí yo en 2009 que se llama Almisdaé. Con esta obra vamos dentro de un mes a un festival a Portugal, a Lisboa y estamos encantados. Ahora tenemos prevista otra que es Carrusel, que va sobre un circo quemado. En sí es una obra meta-teatral, que es hablar del teatro dentro del teatro. Es un género muy expresivo y muy potente. Creo que la mayoría de obras conocidas tienen algún elemento meta-teatral, como La vida es sueño no Hamlet. Carrusel habla del circo, de la vida y de la necesidad que tiene la gente de ofrecerse a otra gente y de ser felices por ilusionar a los demás.

Este año habéis participado en el MUTIS, ¿como ha sido la experiencia?

En sí, este festival lo organizamos nosotros. Para poder llevar a cabo una serie de cosas y conseguir unas financiaciones y así hacer nuestra actividad montamos un festival. Esta ha sido la cuarta edición, con lo cual ya está bastante consolidado. Hemos conseguido que la gente nos recuerde de año en año y que sepan que durante dos o tres días hay unas doce obras de teatro maravillosas, gratuitas y en Barcelona. Se han representado obras como La casa de Bernarda Alba de García Lorca. El cartel de este año dudo mucho que lo tenga cualquier otro festival de teatro universitario. Estamos muy orgullosos de esos pequeños logros que conseguimos. También hemos logrado algo que no esperábamos que es hacer una publicación. Hemos hecho un libro sobre teatro universitario en el cual se plasma todo lo que pensamos y hemos absorbido de un montón de gente que ha venido y ha participado en el festival.

También habéis organizado unos premios…

Al principio decidimos que no entregaríamos premios en el festival, aunque sí que se daba un premio honorífico para premiar a quien encarnara mejor el espíritu del festival. Luego nos dimos cuenta de que en Madrid, Sevilla o Santiago de Compostela, algo que genera que haya más grupos de teatro universitario son los premios. Hemos conseguido el apoyo de la UIC, de la UB y de la UPC para poder hacer los Premios de Barcelona de Teatro Universitario. La finalidad de los premios es que salgan más grupos. El problema es que están desapareciendo grupos por el tema de las subvenciones. Existen universidades en las que se han cerrado, a veces por decisión política, aulas de teatro aunque su gasto sea cero.

¿Qué objetivos os marcáis en un futuro?

El objetivo es que haya un relevo generacional. No queremos que la nave se hunda con nosotros. Tenemos una infraestructura y un bagaje que ha costado cinco o seis años construir y eso tiene que pasar a otras manos, aunque no sea con el mismo nombre.

Si se pudiese describir con una frase el espíritu de La Coquera, ¿qué dirías?

Nos apasiona mucho el teatro y tenemos necesidad de hacer teatro.

Nos despedimos rápidamente de Alberto, pues tiene que ir a hacer aquello que tanto le gusta: dirigir el ensayo de la próxima obra de La Coquera.

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Publicado el mayo 20, 2013 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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